Parte 1
—Tiene algo en el cuello, señor.
La voz de Nora, una niña de apenas 5 años, me hizo detenerme en medio de la sala.
Me había inclinado para recoger su elefante de trapo debajo de una mesa cuando sentí que alguien señalaba mi nuca.
—Parece una piedrita que tiene guardada debajo de la piel —añadió.
Su madre, Lourdes Heredia, dejó de recoger las tazas.
Mi prometida, Amalia Roldán, se levantó inmediatamente del sillón.
—Nora, no señales a las personas.
Es una cicatriz antigua.
Quise reírme de la ocurrencia de la niña, pero un dolor punzante me atravesó la cabeza.
Me sujeté del respaldo de una silla.
Durante unos segundos olvidé por qué estaba de pie.
Aquello llevaba 3 años ocurriéndome.
Me llamo Leandro Arjona.
Soy propietario de empresas navieras y de transporte con operaciones en distintos puertos de México.