La hija de 5 años de mi empleada señaló mi nuca y dijo: “Señor, tiene algo debajo de la piel”. Mi prometida intervino de inmediato: “Solo es una cicatriz vieja, cariño”. Después de 3 años sufriendo constantes lagunas de memoria, pedí que me examinara un médico independiente y exigí mi historial clínico completo. Entonces apareció un correo que yo mismo había enviado 2 años antes… y su contenido contradecía lo que figuraba en mi expediente médico.

Parte 3

Acudí a aquella reunión sin Amalia.

Gerardo presentó informes sobre mi salud y aseguró que la empresa no podía depender de los cambios de ánimo de una persona enferma.

Un consejero independiente le pidió que retirara esa expresión.

Yo había llegado con dolor de cabeza.

Solicité un descanso y regresé cuando me encontré en condiciones.

—Mi salud no autoriza a nadie a votar por mí fuera de los poderes que realmente he concedido —declaré.

Enrique presentó las diferencias entre mis autorizaciones notariales y las facultades que Gerardo había pretendido ejercer.

El consejo acordó preservar documentación, revisar los poderes y suspender temporalmente determinadas operaciones cuestionadas.

Gerardo conservó inicialmente algunas funciones, pero dejó de controlar por sí solo el acceso a los expedientes.

La auditoría continuó.

Se identificaron contratos con posibles conflictos de interés, operaciones favorables a sociedades relacionadas con su entorno y comunicaciones en las que mis problemas médicos habían servido para justificar decisiones corporativas.

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