Después encontramos un correo que yo había enviado 2 años antes a Morata, con copia para Amalia.
En él solicitaba reconsiderar la continuidad del dispositivo porque no estaba mejorando suficientemente.
Pero mi expediente resumía aquel intercambio como una petición de mantener el tratamiento.
Aquello no era una simple discusión sobre recuerdos.
Había un documento escrito que contradecía la versión clínica.
La revisión técnica también mostró ajustes realizados en fechas que no coincidían plenamente con las consultas documentadas.
Esos datos no probaban por sí mismos quién los había pedido ni demostraban que el aparato causara mis lagunas mentales.
Por separado, Delfina encontró tratamientos sedantes prolongados cuya justificación necesitaba examinarse.
Enrique obtuvo información aún más preocupante.
Gerardo había utilizado informes de mi salud para respaldar modificaciones empresariales que beneficiaban a sociedades intermediarias vinculadas a nuestro negocio portuario.