—De acuerdo.
Llamé a Emily. Le expliqué lo justo: un momento breve, un pinchazo pequeño, un dibujo después. No le dije la palabra miedo. Ella la oyó igual.
—Vamos —respondió—. Oliver pregunta si el archivo es una biblioteca. Le he dicho que sí, una biblioteca de personas mayores. Le ha gustado.
En el laboratorio, la sala era blanca y tenía pegatinas de estrellas medio despegadas. Grace lloró medio minuto. Oliver miró la aguja con interés científico y luego decidió que prefería mirarme a mí. Yo les conté que aquello servía para guardar un dato verdadero en un sitio donde nadie pudiera cambiarlo con bolígrafo azul. No entendieron el bolígrafo. Entendieron que mamá estaba cerca.
Preston esperó en la calle, como había prometido. Cuando salimos, no intentó tocarlos. Se agachó lo suficiente para quedar a su altura.
—Hola. Ayer no supe presentar mi nombre. Soy Preston.