Los niños corrían detrás de ella sin miedo.
Incluso comenzaron a llamarla “la doctora de la montaña”.
Una tarde apareció Thaddeus Cooper.
El mismo hombre que la había vendido.
Entró al pueblo riendo.
—Vengo por mi dinero.
Se acercó a Cyrus.
—La mercancía resultó defectuosa. Quiero recuperarla.
Toda la plaza quedó en silencio.
Josephine sintió el mismo miedo de aquella tarde.
Pero esta vez no estaba sola.
Cyrus dio un paso adelante.
—Ella no es una mercancía.
Cooper sonrió con desprecio.
—Tengo el contrato.
Cyrus sacó cuidadosamente un papel del bolsillo.
Era el documento de compra.
Lo rompió lentamente en pequeños pedazos.
Los dejó caer al viento.
—Aquí termina cualquier derecho que alguien creyó tener sobre ella.
Cooper perdió la sonrisa.
—¡Eso no vale!
—Lo que sí vale…
Respondió Cyrus.
—Es que vuelva a hablar de Josephine como si fuera un objeto y no saldrá caminando de este pueblo.