—¿Qué clase de persona considera vergonzoso limpiar un piso, pero honorable amenazar a una madre para que oculte a su propia hija?
Victoria abrió la boca.
No salió ninguna palabra.
Entonces sucedió algo todavía más sorprendente.
Adrian Whitmore se levantó.
—¡Elena, espera!
Todas las miradas se dirigieron hacia él.
Su madre intentó sujetarlo del brazo.
—Adrian, siéntate.
Pero él se apartó.
Caminó hacia el escenario.
—Necesito decir algo.
Elena lo observó con una mezcla de dolor y desconfianza.
—Tuviste muchos meses para hablar, Adrian.
El joven bajó la cabeza.
—Lo sé.
Pidió un micrófono.
Un técnico se lo entregó después de recibir autorización de los organizadores.
Adrian miró al público.
—Todo comenzó cuando mi madre descubrió que Elena estaba embarazada. Me dijo que, si continuaba con ella, perdería mi lugar en la empresa familiar y mi herencia.
Victoria se puso de pie.