Sentí que el corazón se me aceleraba.
—Señora Elena, yo no quería que Mariana muriera. Ella me pidió que…
—Lo sé.
—Pero yo acepté. Yo fui quien dijo que salvaran a las niñas.
Ella bajó la mirada hacia el sobre.
Después levantó los ojos.
—¿De verdad crees que me alejé porque te culpo?
No supe qué responder.
Entonces comenzó a llorar.
—Hay algo sobre mi hija que ya no puedo seguir ocultándote.
CAPÍTULO 2: EL SOBRE QUE MARIANA DEJÓ ANTES DEL PARTO
Invité a doña Elena a pasar.
Se sentó en el mismo sofá donde Mariana solía descansar durante los últimos meses del embarazo.
Durante unos segundos permaneció en silencio.
Después miró hacia el pasillo.
—¿Dónde están mis nietas?
—Dormidas.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—¿Puedo verlas?
Asentí.
La acompañé a la habitación.
Las gemelas dormían en sus cunas.