CAPÍTULO 1: LA DECISIÓN QUE ME QUITÓ A MI ESPOSA
—Salven a mis hijas.
Esas fueron las cuatro palabras que cambiaron mi vida para siempre.
Las pronuncié en un quirófano mientras mi esposa, Mariana, apretaba mi mano con las pocas fuerzas que le quedaban.
Los médicos se movían a nuestro alrededor.
Las alarmas sonaban.
Alguien mencionó una hemorragia.
Otro médico pidió sangre urgentemente.
Y yo solamente podía mirar a la mujer que amaba.
—Mariana, por favor… —susurré.
Ella tenía el rostro pálido.
Sus labios temblaban.
Pero consiguió mirarme a los ojos.
—Las niñas, Daniel.
Negué con la cabeza.
—No. Vamos a salir los cuatro de aquí.
Una lágrima rodó por su mejilla.
—Prométemelo.
No quería hacerlo.
Dios sabe que no quería.
Pero cuando el médico nos explicó que la situación era crítica y nos preguntó cuáles eran nuestros deseos si debían tomar decisiones extremas, Mariana volvió a apretar mi mano.