Lucía, porque significa luz.
Y Valentina, porque me recuerda la valentía.
Quiero que nuestras hijas tengan luz y valentía, incluso en los días difíciles.
Y quiero que tú también las tengas.
Te amo, Daniel.
Te amé desde aquella primera tarde en que derramaste café sobre mis dibujos y fingiste que era una técnica artística.
Te amé cuando me pediste matrimonio con las manos temblando.
Te amé cuando lloraste al escuchar los latidos de nuestras niñas.
Y si existe alguna manera de que el amor permanezca después de la muerte, te prometo que el mío estará contigo.
No fue tu culpa.
Por favor, mi amor.
Vive.
Siempre tuya,
Mariana.
Cuando terminé de leer, abracé la carta contra mi pecho.
Y lloré como no había llorado desde el funeral.
Durante tres meses había intentado mantenerme fuerte.
Por mis hijas.