PARTE”2

 

—Espero que esta vez digas toda la verdad.

 

Él bajó la cabeza.

 

Después se marcharon.

 

Esa noche, me quedé sola en la sala de estar.

 

Los quince colchones habían desaparecido. Los zapatos ya no estaban en el pasillo y alguien había devuelto las fotografías de Robert a su lugar.

 

Sin embargo, todavía encontraba pequeños rastros de aquella invasión.

 

Una taza que no era mía.

 

Una manta doblada en un rincón.

 

Un recibo de supermercado sobre la mesa.

 

Me acerqué a la fotografía de mi marido y la limpié cuidadosamente.

 

—Ojalá estuvieras aquí, Robert —susurré.

Entonces recordé la última carta que había encontrado entre sus pertenencias.

 

La había leído tantas veces que prácticamente conocía cada palabra.

 

Pero aquella noche reparé en algo que antes había pasado por alto.

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