CAPÍTULO 2: LA MUJER QUE REGRESÓ DE ENTRE LOS MUERTOS
El nombre de Frank quedó suspendido entre nosotras.
Durante treinta y cuatro años, había aprendido a pronunciarlo sin sentir dolor. Frank había sido mi padre, mi protector y el hombre que me había enseñado a vivir después de perder a mi madre. Había sido quien me sostuvo durante las noches en que despertaba llorando, quien me acompañó a mi primer día de escuela y quien me aseguró, una y otra vez, que mi madre me había amado más que a nada en el mundo.
Y ahora, una desconocida con los ojos de mi madre acababa de pronunciar su nombre como si tuviera derecho a hacerlo.
—¿Qué tiene que ver Frank con esto? —pregunté.
Mi voz salió temblorosa.
La mujer bajó la mirada.
—Él sabía que algún día vendría.