Quince minutos después hice tres llamadas.
Y esas llamadas no me dieron una fortuna.
Me devolvieron algo mucho más importante.
La seguridad.
La libertad.
Y el derecho de vivir mis últimos años sin miedo.
Quince minutos después hice tres llamadas.
Y esas llamadas no me dieron una fortuna.
Me devolvieron algo mucho más importante.
La seguridad.
La libertad.
Y el derecho de vivir mis últimos años sin miedo.