—¿Estás bien?
—Perfectamente. ¿Cómo está Zúrich?
Silencio.
—Bien. Hace frío.
Miré por la ventana.
—Qué curioso.
—¿Qué cosa?
—Que en Palm Springs hace bastante calor.
No respondió.
Escuché una respiración entrecortada.
—¿De qué estás hablando?
—Del apartamento, Lucas. Del que alquilaste. Del que pensabas pagar con nuestros ahorros.
Su voz cambió inmediatamente.
—Escúchame. No estás entendiendo nada.
—Entonces explícame por qué Melanie aparece en los documentos. Explícame los préstamos. Explícame la firma falsificada.
—¡No toques el dinero!
Aquellas cuatro palabras confirmaron mucho más de lo que él imaginaba.
Ya no estaba preocupado por mí.
Estaba preocupado por el dinero.
—Tranquilo —contesté—. Ahora hay profesionales revisando todo.
—¿Qué has hecho?
—Lo que debería haber hecho desde el principio: protegerme.
Empezó a gritar.
Me acusó de estar loca.
Dijo que estaba destruyendo nuestro matrimonio.
Dijo que todo tenía una explicación.