PARTE 1
—¡La vida de nuestra hija no vale 150 mil pesos, Ricardo! ¡Y mucho menos voy a firmar un papel para proteger a tu amante!
Lo grité en el pasillo de urgencias mientras mi esposo me extendía un documento que ya llevaba su firma.
Tres horas antes, me habían llamado para decirme que mi pequeña Sofía, de apenas cuatro años, había sido encontrada dentro de un automóvil cerrado, bajo el sol de Guadalajara. Cuando llegué al hospital, un médico me informó que la niña había fallecido.
Sentí que el mundo desaparecía debajo de mis pies.
Aquella mañana le había puesto su chamarra amarilla, la de los patitos bordados. Todavía recordaba cómo me abrazó antes de entrar al kínder.
—Mami, hoy te voy a dibujar una casa con muchas flores.
Ahora alguien me decía que jamás volvería a escuchar su voz.