MI ESPOSO ME LLAMÓ REPUGNANTE POR LAS CICATRICES QUE ME DEJÓ EL INCENDIO DEL QUE LO SALVÉ, Y SU AMANTE ORGANIZÓ UNA GALA DONDE TODAS DEBÍAMOS LLEVAR LA ESPALDA DESCUBIERTA, SIN IMAGINAR QUE EL DUEÑO MILLONARIO DE LA EMPRESA LLEGARÍA TOMADO DE MI BRAZO.

Miré el salón lleno de personas que habían atravesado momentos difíciles y seguían luchando por vivir con alegría.

Entonces comprendí que mi historia nunca había sido solamente la de una mujer traicionada por su esposo.

Era la historia de alguien que sobrevivió a un incendio, soportó años de desprecio y finalmente descubrió que no tenía que esconderse para merecer amor.

Mauricio había intentado convencerme de que mis cicatrices me hacían menos valiosa.

Pero esas mismas cicatrices me recordaban que fui capaz de arriesgar mi vida por otra persona y que también tuve la fuerza necesaria para salvarme a mí misma cuando llegó el momento.

Al terminar mi discurso, Sebastián me esperaba junto a las escaleras.

Me ofreció la mano.

La tomé y bajé del escenario sonriendo.

No necesitaba que me rescatara.

No necesitaba que me defendiera de todas las miradas.

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