MI ESPOSO ME LLAMÓ REPUGNANTE POR LAS CICATRICES QUE ME DEJÓ EL INCENDIO DEL QUE LO SALVÉ, Y SU AMANTE ORGANIZÓ UNA GALA DONDE TODAS DEBÍAMOS LLEVAR LA ESPALDA DESCUBIERTA, SIN IMAGINAR QUE EL DUEÑO MILLONARIO DE LA EMPRESA LLEGARÍA TOMADO DE MI BRAZO.

Yo sabía lo que significaba despertar después de una operación y descubrir que todavía quedaba un camino largo.

Por eso creé la Fundación Renacer.

Su objetivo era financiar tratamientos reconstructivos, rehabilitación y apoyo psicológico para personas que habían sufrido quemaduras graves.

Sebastián apoyó el proyecto desde el principio.

Doña Elena se ofreció como voluntaria.

Ofelia, la costurera que me ayudó a elegir mi vestido azul, comenzó a organizar talleres para confeccionar prendas adaptadas a personas con cicatrices o movilidad limitada.

Poco a poco, la fundación se convirtió en el proyecto más importante de mi vida.

Catorce meses después de aquella gala celebramos nuestra primera reunión anual de pacientes y familias en los jardines de un centro de rehabilitación.

Había mesas con comida, globos de colores y niños corriendo sobre el césped.

El sol iluminaba los árboles y una brisa suave movía las cintas de las decoraciones.

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