Y tendría que aceptar que ella podía no querer escucharme.
Por primera vez, esa posibilidad no me hizo pensar en cómo recuperar lo que había perdido.
Me hizo pensar en lo que Elena merecía.
Merecía despertar.
Merecía estar sana.
Merecía decidir por sí misma qué quería hacer con el resto de su vida.
Y si esa vida no me incluía, tendría que aprender a respetarlo.
Pero todavía no estábamos en ese momento.
Ella seguía inconsciente.
Nuestro hijo seguía siendo vulnerable.
Y la doctora Whitmore aún tenía algo que decir.
La vi mirar hacia la puerta de la zona de exploración.
Después volvió a dirigirse a mí.
—Señor Marchetti, necesito que comprenda una cosa.
Me enderecé.
—La escucho.
—Elena está recibiendo toda la atención necesaria, pero su lesión requiere una vigilancia cuidadosa. Y mientras no pueda hablar por sí misma, habrá preguntas sobre lo sucedido que quizá no podamos contestar inmediatamente.