El Jefe Mafioso Descubrió Que Su Exesposa Esperaba Un Hijo Suyo-aurelle

El cristal estalló a mis pies.

No me agaché a recogerlo.

Ni siquiera lo miré.

Porque en mi cabeza solo había un pensamiento: Elena estaba embarazada y yo no lo sabía.

Lo peor era que, tres meses antes, la última vez que habíamos hablado, le había dicho que nuestro matrimonio entero había sido una mentira.

Y ella me había creído.

Durante seis años Elena Brooks fue mi esposa, mi refugio y la única persona que conseguía hacerme sentir algo parecido a un hombre normal.
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No conocí a nadie que me mirara como ella.

Para el resto del mundo yo era Marchetti, un hombre al que convenía obedecer y al que nadie se acercaba sin un motivo.

Para Elena era Nico.

Simplemente Nico.

La forma en que pronunciaba mi nombre podía desarmarme incluso cuando estaba furioso.

Podía regresar de una reunión interminable, con la mandíbula apretada y la cabeza llena de problemas, y bastaba escuchar su voz desde otra habitación para que la presión sobre mi pecho disminuyera.

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