Di un paso hacia ella.
—¿Qué le ha pasado?
La doctora me observó con atención.
No parecía intimidada por los hombres que me acompañaban.
Tampoco parecía dispuesta a ofrecerme respuestas apresuradas.
—La paciente sufrió una lesión importante en la cabeza —explicó—. Todavía estamos realizando evaluaciones para comprender la gravedad exacta y determinar los pasos siguientes.
—¿Va a despertar?
—Todavía no puedo garantizarle cómo evolucionará.
Sentí un vacío en el estómago.
—¿Y el bebé?
—El latido fetal se ha mantenido estable en la evaluación inicial. Seguiremos controlándolo.
Me aferré a esas palabras como si fueran lo único sólido en aquel edificio.
El latido seguía allí.
Nuestro hijo seguía vivo.
Elena seguía viva.
Pero nada estaba resuelto.
—¿Puedo verla?
La doctora miró los documentos que sostenía.
—Antes necesito confirmar algunos datos.
Me quedé inmóvil.