—¿Después de ocho años?
—Las cosas cambian.
—¿Y todo lo que construimos juntos?
Entonces me miró con una expresión que jamás olvidaré.
—Evgenia, seamos sinceros. Esta vida exige cierto tipo de mujer. Una mujer que sepa moverse entre personas importantes, que entienda los negocios, que tenga ambición. Tú nunca terminaste de encajar.
Aquellas palabras dolieron más que la confesión de su infidelidad.
Porque yo conocía perfectamente el mundo al que se refería.
Mucho mejor de lo que él imaginaba.
—¿Y Veronika sí encaja? —pregunté.
—Veronika entiende lo que necesito.
Tomó su teléfono y caminó hacia el ascensor privado.
Antes de entrar, añadió:
—Quiero que recojas tus cosas. Cuando regrese mañana por la mañana, no quiero encontrarte aquí.
Las puertas se cerraron.
Me quedé sola en aquella habitación enorme.
Durante varios minutos observé mi reflejo en el espejo.