MI ESPOSO ME ECHÓ DE NUESTRO ÁTICO PARA LLEVAR A SU AMANTE A UNA GALA, SIN IMAGINAR QUIÉN ME ESPERABA EN LA ENTRADA

MI ESPOSO ME ECHÓ DE NUESTRO ÁTICO PARA LLEVAR A SU AMANTE A UNA GALA, SIN IMAGINAR QUIÉN ME ESPERABA EN LA ENTRADA

A las 7:12 de aquella noche de sábado, mi esposo se estaba colocando unos gemelos de plata frente al espejo cuando me anunció que llevaría a su amante a la gala más exclusiva de Kiev.

Después me pidió el divorcio.

Y, como si ocho años de matrimonio no significaran absolutamente nada, me ordenó abandonar nuestro ático antes del amanecer.

Lo que Dominik Valeniuk no sabía era que, menos de tres horas después, yo entraría en aquel mismo salón de baile del brazo de Richard Marchenko.

El único hombre al que Dominik había temido decepcionar durante quince años.

Y aquella noche, por fin, comprendería por qué.

Me llamo Evgenia. Durante ocho años fui la esposa de uno de los empresarios más influyentes de Kiev. Vivíamos en un ático con enormes ventanales frente al río Dniéper, conducíamos automóviles que costaban más que una casa y asistíamos a reuniones donde una simple conversación podía decidir el destino de empresas enteras.

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