Me senté lentamente.
Aquello era mucho más complicado de lo que había imaginado.
Pero todavía faltaba algo.
Artur señaló la caja de madera.
—Ábrela.
3. La carta escondida
Dentro había una carta amarillenta.
La letra era pequeña y temblorosa.
Artur me pidió que la leyera en voz alta.
«Señor Artur:
Si alguna vez recibe esta carta, significa que ya no he podido guardar silencio.
El niño que le dijeron que había muerto sigue vivo.
Lo trasladaron a una institución fuera de la ciudad con otro nombre.
Su hijo Richard organizó todo.
Yo no participé voluntariamente, pero tuve miedo de perder mi trabajo y de que nadie creyera mi versión.
Conservo una copia de los documentos.
El niño necesitaba una operación cardíaca. No sé si sobrevivió a los años siguientes.
Lo único que recuerdo es que una mujer se hizo cargo de él.