La historia de Walter y Max: El secreto que escondía aquel viejo soldado

La mujer se acercó y lo abrazó.

Tenía unos cuarenta años y los ojos llenos de lágrimas.

—¿Por qué no me llamaste?

Walter no respondió.

—¡Llevo semanas intentando encontrarte!

Él bajó la mirada.

—No quería preocuparte.

Mariana se volvió hacia mí.

—¿Usted lo encontró?

Le expliqué lo sucedido en el parque y cómo Max había llamado nuestra atención sobre la herida.

La mujer se agachó para acariciar al perro.

—Gracias. De verdad, gracias.

Después se sentó junto a su padre.

—Papá, ¿por qué llevabas esa prótesis rota?

Walter miró por la ventana.

—Porque no tenía otra.

Mariana se llevó las manos a la boca.

—Pero yo te enviaba dinero todos los meses.

Walter levantó la cabeza.

—¿Qué dinero?

Se produjo un silencio.

Mariana sacó su teléfono.

Le mostró varias transferencias bancarias.

Durante los últimos meses había enviado dinero a una cuenta que supuestamente pertenecía a una persona encargada de ayudar a su padre.

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