A veces, un perro no necesita encontrar a un desaparecido para salvar una vida.
A veces basta con negarse a ignorar a un hombre que todos los demás han decidido no mirar.
Y desde aquel día, cada vez que alguien me pregunta por qué confío tanto en Max, cuento la historia del anciano de la banca.
Porque aquel día no fue Walter quien necesitó salvarse de un perro.
Fue Max quien nos recordó a todos que todavía podemos salvarnos unos a otros.