No pedí favores especiales.
Solo pregunté si podían evaluar a Walter para una prótesis adecuada.
La respuesta fue positiva.
Tenían un programa de valoración y apoyo.
Por primera vez en mucho tiempo, Walter tuvo una razón para sonreír.
7. La visita inesperada
Dos semanas después recibí una llamada de Mariana.
—Gabriel, tienes que venir.
—¿Ha pasado algo?
—Papá quiere enseñarte algo.
Cuando llegué a su casa, encontré a Walter sentado en el jardín.
Llevaba una camisa limpia y tenía mejor aspecto.
Max corrió hacia él.
El anciano se rio mientras acariciaba sus orejas.
—¡Mira quién ha venido!
Me senté a su lado.
—¿Cómo va la recuperación?
—Mucho mejor. Ya me están preparando para la adaptación de una prótesis nueva.
—Me alegro.
Walter permaneció callado unos segundos.
Después me entregó una fotografía.
Era una imagen antigua de él con su perro Trueno.