Mi madre sí había intentado pagarle.
A las siete llamé a Evelyn.
Contestó con voz somnolienta.
—Sebastian.
—¿Sabías que Clara estaba embarazada cuando nos divorciamos?
Silencio.
Eso fue suficiente.
—Mamá.
—¿Dónde estás?
—Responde.
—Sebastian, este asunto…
—Sí o no.
Pausa.
—Sí.
Sentí algo romperse de una forma sorprendentemente silenciosa.
—¿Sabías que eran gemelos?
—No.
—¿Sabías que era mi hijo?
—Sabía que estaba embarazada.
—¿Y le ofreciste dinero para irse?
—Lo hice por ti.
Cerré los ojos.
Claro.
La frase universal de las personas que deciden por otros.
Lo hice por ti.
—Explícalo.
—Estabas a punto de cerrar la adquisición más importante de tu carrera.
Clara venía de una familia sin conexiones.
No entendía nuestra vida.
Ustedes discutían constantemente.
—Eso no responde.
—Yo veía que no eras feliz.
Me eché a reír.
—¿Y decidiste divorciarme sin preguntarme?