Señor Reed… su exesposa tuvo gemelos.
Levanté la cabeza.
Mi asistente, Daniel, sostenía una tableta con tanta fuerza que casi se le resbaló de las manos.
—Repítelo.
—Un niño y una niña. Tienen tres años y medio.
Hizo una pausa.
—Y se parecen muchísimo a usted.
La oficina quedó en silencio.
Durante unos segundos solo escuché el aire acondicionado.
Cuatro años antes, Clara Monroe había salido de mi casa con una maleta pequeña.
No lloró.
No suplicó.
Solo dejó firmado el acuerdo de divorcio y dijo:
—Sebastian, ya eres libre.
Después desapareció.
La busqué durante meses.
Luego la empresa entró en plena expansión, llegaron fusiones, auditorías, viajes y una salida a bolsa.
Me convencí de que Clara realmente había querido marcharse.
Hasta aquel día.
—Enséñame la foto.
Daniel giró la tableta.
Clara caminaba por una calle de otra ciudad con dos niños.