A un hombre fuera del encuadre.
No porque no existiera.
Porque no había estado allí.
Después entré.
Tarde.
No como dueño.
No como salvador.
Como padre.
Primero torpe.
Después mejor.
Como exmarido.
Después compañero.
Y, mucho más tarde, marido otra vez.
Si pudiera volver al día del divorcio, no intentaría impedir que Clara saliera por la puerta.
Haría algo más sencillo.
Estaría en casa.
Eso era lo que ella necesitaba.
Presencia.
No dinero.
No apellido.
No poder.
No abogados.
Un marido que supiera que su esposa estaba embarazada.
No lo fui.
Y no puedo cambiarlo.
Pero tuve la suerte de encontrar una segunda oportunidad que muchas personas nunca reciben.
No porque la mereciera automáticamente.
Porque Clara decidió permitirla.
Porque mis hijos quisieron conocerme.
Y porque aprendí, finalmente, que una segunda oportunidad no es un reembolso del pasado.