El heredero de la infamia

¿Valió la pena guardar el secreto de una dinastía si el precio fue arrodillarse sobre los huesos rotos de la única mujer que te amó de verdad?

El precio del silencio se paga con la propia sangre ante el altar de la madre.

La verdad que creyeron estéril engendró el destino que nadie pudo comprar

El cuchillo de Sebastián se detuvo a milímetros del pan.

Apenas una fracción de segundo.

Cualquiera hubiera pasado por alto ese espasmo muscular en su antebrazo, pero yo conocía cada fibra de su lenguaje corporal.

—Estás trabajando demasiado, Mariana —dijo él, recuperando la compostura con una risita suave pero forzada—. Deja que el equipo legal se encargue de esos detalles. Tú deberías tomarte unas semanas de descanso en Cancún.

—Tal vez tengas razón —contesté, clavándole una mirada serena, desprovista de cualquier reproche visible—. Tal vez necesite tomar distancia para ver el panorama completo.

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