Parte 2: Elena acababa de entregar la llave de seguridad cuando recibió la primera respuesta del notario.
La cláusula 9 no solo protegía la fábrica, también revelaba algo que Arturo había dejado preparado antes de morir.
Gabriel le explicó que había una revisión pendiente sobre las decisiones tomadas por Mauricio y Verónica durante los últimos meses.
Pero antes de poder avanzar, llegó una noticia inesperada: alguien dentro de Muebles Salgado intentaba borrar información importante y cambiar la dirección de algunos documentos.
Elena comprendió que sus hijos no estaban actuando solo por ambición, sino que tenían miedo de que una parte de la verdad saliera a la luz.
Esa misma tarde, mientras revisaban los papeles de Arturo, encontraron una anotación escrita de su puño y letra que cambiaba completamente la forma en que Elena veía a su propia familia.
La decisión que ella debía tomar ya no era solamente sobre dinero o una empresa, porque también afectaba a la persona que había protegido durante años.
Cuando Elena abrió el último sobre que Arturo había dejado guardado, descubrió que dentro había una advertencia que podía cambiar el futuro de todos. ────────────────────── Escribe LLAVE y publicaré la Parte 3.
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Elena sostuvo el sobre entre las manos durante varios segundos.
No quería abrirlo.
Después de treinta y ocho años de matrimonio, conocía perfectamente la letra de Arturo. Incluso enfermo, incluso cuando apenas podía sostener un bolígrafo, aquella letra seguía teniendo la misma firmeza.
Gabriel la observó en silencio.
—¿Quiere que lo abra yo?
Elena negó con la cabeza.
—No. Si Arturo quería que yo lo leyera, seré yo quien lo haga.
Rompió el sello.
Dentro había tres hojas y una memoria USB.
La primera línea la dejó sin respiración:
“Elena, si estás leyendo esto, significa que Mauricio y Verónica intentaron quedarse con todo antes de que terminara el duelo.”
Elena cerró los ojos.
Gabriel bajó la mirada.
—Arturo sabía que esto podía pasar —murmuró ella.
—Sabía que existía un riesgo —respondió el notario—. Pero hay algo más.
Elena continuó leyendo.
Arturo había descubierto que los 3,800,000 pesos transferidos por Mauricio no eran el único movimiento irregular.
Durante los últimos dieciocho meses habían salido de Muebles Salgado más de 7,400,000 pesos mediante facturas de proveedores que prácticamente no existían.
Empresas pequeñas, recién creadas, con domicilios fiscales que correspondían a oficinas vacías.
Y todas tenían algo en común.
Una persona aparecía como representante o intermediaria.
Verónica.
Elena sintió que las piernas le temblaban.
—Mi hija…
Gabriel colocó una mano sobre la mesa.
—Hay más.
Conectó la memoria USB a su computadora.
Aparecieron copias de contratos, transferencias bancarias y correos electrónicos.
Pero el documento más importante era una grabación.
Arturo había dejado registrado un video aproximadamente tres semanas antes de morir.
Su rostro estaba delgado y pálido.
Pero sus ojos estaban completamente despiertos.
—Elena —dijo en la grabación—, sé que nuestros hijos creen que cuando yo muera todo quedará en sus manos. Pero no es así.
Elena llevó una mano a su boca.
—No quiero que pelees con ellos por venganza. Quiero que protejas a los trabajadores y descubras la verdad.
La grabación continuó.
—Mauricio cometió errores graves. Pero alguien lo está utilizando. Y esa persona conoce nuestra empresa desde hace muchos años.
El video terminó.
Elena miró a Gabriel.
—¿Quién?
Antes de que él pudiera responder, sonó su teléfono.
Era el jefe de contabilidad de Muebles Salgado.
—Doña Elena, tiene que venir cuanto antes.
—¿Qué ocurrió?
—Mauricio acaba de llegar con dos abogados. Dice que usted renunció voluntariamente a la administración de la empresa.
Elena se quedó inmóvil.
—¿Cómo dice?