—Porque aquella noche… hubo otro bebé.
Las palabras de doña Teresa cayeron sobre nosotros como una sentencia.
Durante varios segundos, nadie se movió.
Mateo seguía abrazado a mi cintura, escondiendo el rostro contra mi cuerpo. Alejandro miraba a su madre con una mezcla de incredulidad y rabia. Yo, en cambio, sentía que estaba a punto de perder el equilibrio.
—¿Qué significa eso? —pregunté—. ¿Qué quiere decir con que hubo otro bebé?
Mi suegra rompió a llorar.
—Mariana, tienes que escucharme…
—¡No! —la interrumpí—. ¡Llevo ocho años escuchando sus críticas, sus insinuaciones y sus acusaciones! ¡Hoy quiero la verdad!
El médico se levantó de su silla.
—Señora Teresa, si conoce algún antecedente relacionado con el nacimiento de estos niños, debe explicarlo ahora. Los resultados genéticos son demasiado importantes para ignorarlos.