apítulo 2: El objeto que hizo llorar al guardia

Capítulo 2: El objeto que hizo llorar al guardia

Sentí que la sangre me hervía.

Mi madre seguía inmóvil junto a la sección de frutas, con una mano temblorosa apoyada en el carrito de la compra y la otra atrapada entre los dedos del guardia. Su rostro, normalmente lleno de dulzura, estaba pálido. Tenía los ojos húmedos y los labios apretados, como si estuviera haciendo un esfuerzo enorme por no llorar delante de todos aquellos desconocidos.

—¡Le he dicho que la suelte! —repetí, acercándome a él—. ¡Está lastimando a una mujer de 85 años!

El guardia apretó la mandíbula.

—Señora, no interfiera en mi trabajo. He visto cómo escondía algo en el bolsillo de su abrigo. Si su madre no ha hecho nada malo, no tiene motivos para negarse a mostrar lo que lleva.

—¡Mi madre no tiene que demostrarle nada mientras usted la esté sujetando de esa manera!

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