El ultrasonido que reveló que Alejandro no era el padre

Cuando las puertas del elevador se cerraron, Mariana no miró atrás.

Diego tomó su mano.

—Mamá, ¿papá está enojado?

Ella se agachó frente a él.

—Papá está confundido, mi amor. Pero nosotros vamos a estar bien.

Sofía, medio dormida sobre su hombro, abrazó su cuello.

—¿Vamos a ver a la abuela de Madrid?

Mariana sonrió.

—Sí. Vamos a empezar algo nuevo.

No dijo que le dolía.

No dijo que, durante nueve años, había intentado mantener un matrimonio que Alejandro ya había abandonado mucho antes de firmar los papeles.

No dijo que el viaje a Madrid no era una huida.

Era una salida.


Mientras Mariana se dirigía al aeropuerto, Alejandro llegó a la clínica con Beatriz y su madre.

Fernanda los esperaba en la sala de ultrasonidos.

Llevaba un vestido rosa y sostenía una pequeña bolsa con ropa de bebé. En la parte superior se leía: “Mi príncipe”.

Alejandro la besó en la frente.

—¿Lista para ver a nuestro hijo?

Fernanda sonrió, pero su sonrisa no llegó a sus ojos.

La doctora entró, revisó el expediente y pidió que Fernanda se recostara.

Al principio, todo parecía normal.

La pantalla se iluminó.

Apareció una figura pequeña.

La madre de Alejandro comenzó a llorar.

—Míralo, hijo. Por fin un varón.

La doctora guardó silencio.

Movió el transductor una vez.

Luego otra.

Revisó el historial de Fernanda.

Su expresión se volvió seria.

—Señora Fernanda, ¿cuándo fue su última menstruación?

Fernanda respondió demasiado rápido.

—Hace unos tres meses.

La doctora miró la pantalla otra vez.

—Eso no coincide con las medidas del feto.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Qué quiere decir?

La doctora se sentó.

—Por el desarrollo, este embarazo tiene aproximadamente veintidós semanas.

La sala quedó en silencio.

Beatriz miró a Fernanda.

—Eso no puede ser. Alejandro y tú llevan juntos cuatro meses.

Fernanda empezó a palidecer.

—Debe haber un error.

—La ecografía tiene un margen de estimación —explicó la doctora—, pero no de dos meses.

Alejandro dio un paso hacia la camilla.

—¿De quién es ese bebé?

Fernanda se cubrió el rostro.

—Yo no sabía qué hacer.

—¿De quién es? —repitió él.

La doctora levantó una mano.

—Señor, un ultrasonido no determina paternidad. Solo muestra que la cronología no coincide con lo que usted describe. Para saberlo con certeza, necesitarán una prueba genética.

Pero Alejandro ya no escuchaba.

Su madre miraba a Fernanda como si hubiera dejado de existir.

Beatriz sacó el teléfono.

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