«Otras alternativas», se atrevió a decir.
Mientras su secretaria llevaba a su supuesto heredero en el vientre, él tenía el cinismo de hablarme de adopciones futuras para mantener mis acciones bloqueadas a su favor.
Apreté su mano con una fuerza controlada, devolviéndole una mirada llena de una tristeza magistralmente actuada.
—Tienes razón, Sebastián. Lo importante es que cada quien reciba exactamente lo que se merece.
Él sonrió, completamente engañado por mi máscara.
Esa noche, cuando se quedó profundamente dormido bajo el efecto de dos somníferos que le preparé en su té de manzanilla, aproveché para tomar la llave maestra de su caja fuerte y clonar su huella digital mediante un molde de polímero térmico de alta precisión que Mateo me había suministrado.
El cerrojo biométrico tardó menos de tres segundos en validar la copia artificial.
Durante una hora entera, en el silencio absoluto de su despacho, reemplacé las escrituras notariales auténticas por copias idénticas con sellos de cancelación registrados previamente ante el registro público de la propiedad por irregularidades de origen.