—Significa que soy la dueña de su libertad, doctor Morales —respondí, con un tono suave, casi maternal, que contrastaba brutalmente con el mensaje—. O me entrega una muestra biológica de las biopsias coriales o líquido amniótico extraído durante los últimos tamizajes genéticos de Camila Estrada, o mañana a primera hora ejecuto el embargo de su clínica, su residencia familiar y su licencia médica ante la comisión de arbitraje.
—¡Eso viola el secreto médico profesional! —exclamó con un chillido ahogado—. ¡Me quitarían la cédula si se enteran!
—Nadie se va a enterar si usted hace su trabajo en silencio —dije, inclinándome sobre el escritorio para mirarlo fijamente a los ojos—. Yo no quiero perjudicar a Camila médicamente. Solo quiero la muestra para una comparativa de marcadores de histocompatibilidad y ADN que realizaré en un laboratorio privado de Zúrich.