PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas
La esponja cayó al agua con un pequeño chapoteo.
Me quedé inmóvil, mirando aquella marca de nacimiento en forma de media luna que acababa de descubrir en el hombro derecho de la anciana.
No podía ser.
No después de veinte años.
No después de tantas noches llorando en silencio.
No después de haber aceptado que quizá nunca volvería a verla.
—¿Señora Mariana? —preguntó la mujer, volviendo ligeramente la cabeza—. ¿Se encuentra bien?
No pude responder.
Mis manos comenzaron a temblar dentro de los guantes de goma. Sentí que las paredes del baño se acercaban y que el suelo desaparecía bajo mis pies.
Aquella pequeña media luna no era una marca de nacimiento cualquiera.