El heredero de la infamia

—Escribe —ordené con un tono que no admitía réplica, la voz de la jefa de servicio que solía mandar en los quirófanos más complejos de la capital—. Escribe la fecha, la hora exacta en que Julián Mendoza trajo a Camila desangrándose, el nombre del feto y la orden directa de don Julián para falsificar la firma de Valeria Mendoza en el expediente de admisión.

Con una lentitud agónica, Beltrán extendió la mano.

Tomó el bolígrafo.

La tinta azul comenzó a manchar el papel blanco con trazos irregulares, quebrados por los espasmos de su mano senil.

Cada palabra que plasmaba sobre la hoja era un clavo más en el ataúd de la dinastía que me destruyó.

«Yo, Salvador Beltrán, médico especialista en anestesiología, declaro bajo juramento que el catorce de septiembre…»

El proceso tomó casi cuarenta minutos.

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