PARTE 2: LAS TRES HIJAS QUE HICIERON TEMBLAR AL HOMBRE MÁS PODEROSO DEL TRIBUNAL

—¡Su señoría, detenga la audiencia! ¡Ese hombre es inocente!

La voz de una mujer resonó en toda la sala.

Don Chema levantó la cabeza.

Sus ojos cansados se abrieron de par en par.

Tres mujeres avanzaban por el pasillo central.

La primera vestía un traje negro y llevaba un maletín de cuero.

La segunda sostenía una carpeta médica.

La tercera cargaba una computadora y varios documentos.

Eran sus hijas.

Sofía, Valeria y Lucía.

Las tres niñas que había criado con tortillas, frijoles y un salario miserable.

—¿Mis muchachitas? —susurró el anciano.

Sofía se acercó al estrado.

—Soy la licenciada Sofía Hernández, abogada. Solicito autorización para presentar pruebas recién obtenidas que contradicen la acusación.

El director Robles golpeó la mesa.

—¡Esto es un espectáculo! ¡Ese viejo robó dinero público!

Sofía lo miró sin pestañear.

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