Invitamos a familiares, vecinos y varios compañeros del equipo de futbol.
Había música.
Refrescos.
Comida.
Y aproximadamente veinticinco personas.
Teresa llegó con Emiliano.
Llevaba un regalo pequeño envuelto en papel azul.
Tenía una tarjeta pegada con cinta adhesiva.
Yo estaba cerca de la puerta cuando la vi acercarse.
Por la forma del paquete imaginé lo que contenía.
No parecía algo costoso.
Teresa se veía incómoda.
Comenzó a decirme algo.
—Vero, mira, es una cosita sencilla, pero…
No la dejé terminar.
Tomé el regalo de sus manos.
—Ay, Teresa, no tenías que traer nada.
Sonreí.
Le toqué cariñosamente el brazo.
Y añadí, delante de mi hermana y varios vecinos:
—De verdad, no te hubieras preocupado. Anda, ve por algo de tomar.
Después entré a la casa y coloqué el regalo junto a los demás.
En aquel momento creí que estaba siendo considerada.