Pero también cometió un error al ocultarme la verdadera naturaleza de aquellas revisiones.
Y yo cometí otro al pasar tantos años evitando información importante sobre mi propia salud.
El amor no vuelve perfectas nuestras decisiones.
Ni elimina sus consecuencias.
Lo que sí puede hacer es ayudarnos a comprenderlas.
A perdonarnos.
Y a cambiar mientras todavía tenemos tiempo.
La carta de Arturo ya no está escondida en el cajón.
Ahora la guardo en una carpeta junto con mis documentos médicos.
La he leído tantas veces que conozco casi todas sus palabras.
Pero hay una frase que sigue haciéndome llorar.
«Acude a la cita. Eso es lo único que te pido».