—Una que me hizo prometer que no abriría hasta que sucediera algo inexplicable.
Miré el expediente.
Después mi abdomen.
—Creo que ya es hora.
Antes de continuar con lo que encontramos en aquella carta, necesito explicar qué ocurrió con mi salud.
Porque durante varios días toda mi familia creyó que estaba enfrentando algo terrible.
La masa resultó ser un cistadenoma mucinoso.
Un quiste ovárico benigno.
No era cáncer.
Los estudios posteriores a la cirugía lo confirmaron.
La doctora Cárdenas me explicó que este tipo de quistes puede crecer lentamente y alcanzar dimensiones extraordinarias antes de causar síntomas importantes.
El mío medía aproximadamente treinta y ocho centímetros.
Cuando finalmente lo retiraron, pesaba más de veintiún kilogramos.
Todavía me cuesta comprender aquella cifra.
Veintiún kilogramos.