Monika admitió su participación en la falsificación de documentos y colaboró con la investigación. Recibió una condena conforme a los cargos y circunstancias que se demostraron.
No hubo una reconciliación milagrosa.
No hubo abrazos en los pasillos del tribunal.
La justicia no podía devolverme los años perdidos.
Pero al menos nadie volvería a llamarme ladrona.
Un nuevo comienzo
Un año después, regresé a la casa de Opal.
El jardín estaba lleno de flores.
La misma habitación donde había dormido durante mis primeras semanas de libertad tenía ahora cortinas nuevas y una pequeña estantería.
Opal estaba sentada en el porche con una taza de té.
—Llegas tarde —dijo sonriendo.
—He tenido que terminar unos documentos.
—¿Sigues trabajando demasiado?
—Aprendí de alguien.
Se rio.
Después me entregó una carpeta.
—He estado pensando en algo.
La abrí.