PARTE 2: EL SECRETO QUE OPAL HABÍA ESTADO OCULTANDO
Me quedé mirando aquel papel durante varios segundos.
El nombre de Russell Keane estaba escrito con una letra firme y elegante. Debajo aparecía un número de teléfono y una pequeña anotación que Opal había añadido con tinta azul:
«No confíes en lo que parece evidente. Sigue el rastro del dinero».
—¿Por qué quiere ayudarme? —pregunté finalmente.
Opal dejó su taza de té sobre la mesa.
—Porque hace muchos años alguien destruyó la vida de mi familia utilizando exactamente el mismo método que describes.
La miré sorprendida.
—¿Su familia?
—Mi marido, Arthur, fue acusado de malversación de fondos cuando dirigía una empresa de construcción. Pasó dos años intentando demostrar su inocencia. Nunca lo consiguió. Murió convencido de que alguien había manipulado las cuentas para quedarse con su empresa.