—Me llamo Emily. Creo que usted conocía a mi madre biológica.
Hubo un silencio tan largo que pensé que la llamada se había cortado.
Entonces la mujer preguntó:
—¿Estás con tu padre?
Miré a mi padre.
—Sí.
—¿Estás en la casa de Ana?
Se me erizó la piel.
—Sí. ¿Cómo lo sabe?
Clara soltó el aire lentamente.
—Porque llevo diecinueve años esperando que alguien me llame desde allí.
Me senté en la mecedora cubierta por la sábana.
—Necesito que me diga la verdad.
—Lo haré. Pero antes necesito que escuches una cosa. Tu madre biológica dejó una grabación para ti. Si la has encontrado, escúchala antes de hablar con Laura.
Miré la cinta de casete.
—La tengo aquí.
—Entonces busca un reproductor en la habitación. Ana insistió en que la grabación se conservara en esta casa.
Colgué y comencé a buscar.