Pero cuando llegamos, encontramos a Rodrigo esperándonos.
—Quiero ofrecerte una oportunidad —dijo a mi hijo—. Puedo financiar tu investigación.
Adrián lo observó serenamente.
—Agradezco la oferta, doctor Salgado, pero mi proyecto ya cuenta con financiación académica.
Rodrigo bajó la cabeza.
—Solo quiero ayudarte.
—Entonces respete mi trabajo y no intente comprar una relación que todavía no existe.
Sentí una mezcla de tristeza y orgullo.
Esa noche, Rodrigo me envió un mensaje.
«Elena, he solicitado una auditoría completa. Valeria tendrá que responder por lo que hizo. Pero hay algo más que necesito contarte sobre nuestro divorcio».
Lo llamé inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
Su voz sonaba agotada.
—Recibí una carta tuya diecinueve años atrás. Decías que nunca querías volver a verme y que renunciabas a cualquier ayuda económica.
Me quedé inmóvil.
—Yo jamás escribí esa carta.
Rodrigo guardó silencio.