PARTE 2 — LA PRUEBA FINAL

Levanté lentamente la mirada hacia el abogado.

Él seguía sosteniendo la carpeta del fideicomiso.

Y por primera vez desde que lo conocía, advertí algo inquietante en su expresión.

Miedo.

Porque cuando le pregunté qué había en la última página del testamento, sus manos comenzaron a temblar.

Y comprendí que el hombre que acababa de salvar mis propiedades quizá también llevaba años ocultándome el secreto más importante de mi vida.

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