PARTE 2 — LA PRUEBA FINAL

Cuando el señor Vance escuchó mi petición, permaneció en silencio durante unos segundos.

Después respondió:

—Clara, tu padre sabía que algún día podrían intentar quitarte lo que te dejó.

Sentí un escalofrío.

—¿Qué quiere decir?

—Que el fideicomiso contiene una cláusula de protección que Julian nunca conoció.

Cerré los ojos mientras el dolor de las quemaduras recorría mi cuerpo.

—Explíquemelo.

—Si alguien intenta obtener tus propiedades mediante amenazas, falsificaciones o coacción, podemos solicitar medidas judiciales inmediatas para protegerlas.

Por primera vez desde aquella noche, sentí que todavía tenía cierto control sobre mi vida.

—Entonces hágalo.

—Ya estoy preparando los documentos.

Tres días después, Julian apareció en mi habitación del hospital acompañado por un abogado.

Llevaba un traje gris impecable y una expresión de falsa preocupación.

—Clara, cariño, espero que estés mejor.

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