Emily sonrió entre lágrimas.
Y, por primera vez, compartimos un recuerdo de Robert.
No como viuda y desconocida.
Sino como dos personas que habían amado al mismo hombre desde lugares diferentes.
Nos sentamos.
Emily me contó que Robert había hablado de nuestros hijos, de nuestra casa y de las vacaciones que habíamos pasado juntos. Me dijo que había querido conocer a sus hermanos, pero que no se había atrevido a pedirlo mientras todo permaneciera en secreto.
—No espero que me consideres parte de tu familia de inmediato —dijo—. Solo quería que supieras que existo. Y que él intentó acercarse a mí al final de su vida.
La miré durante largo rato.
—No puedo prometerte que todo será fácil.
—Lo sé.
—Y necesito tiempo para entender lo que ha pasado.
—Lo entiendo.
Extendí la mano y tomé la fotografía.
La observé una vez más.