PARTE 2 / Me casé con una paciente de un hospicio de 70 años para concederle su último deseo — Después del funeral, su abogado me apartó y me susurró una revelación…

 

Un hombre que deseaba viajar a su ciudad natal terminó pidiendo que alguien le preparara la sopa que su madre cocinaba cuando él era niño.

 

Y una paciente que había dicho que no necesitaba nada pidió, después de varias semanas de conversaciones, que alguien se sentara a su lado durante una tarde sin mirar el reloj.

 

Aquello me hizo comprender que la soledad no siempre consiste en no tener personas alrededor.

 

A veces consiste en sentir que nadie tiene tiempo para escucharte.

 

Por eso, cada vez que conocía a alguien nuevo, comenzaba con la misma pregunta:

 

—¿Hay algo que siempre hayas querido hacer y que nunca hayas tenido la oportunidad de cumplir?

 

Algunos se reían.

 

Otros se quedaban pensando.

 

Y algunos comenzaban a llorar.

 

Pero todos entendían que la pregunta era sincera.

 

No prometía milagros.

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