PARTE 2: ME SACÓ DE MI PROPIA CASA… PERO NO SABÍA QUE YO TENÍA LAS ESCRITURAS
1. No discutí. Saqué mi teléfono.
Durante casi un minuto, me quedé mirando a Héctor sin decir una sola palabra.
Él interpretó mi silencio como miedo.
Se acomodó la camisa, miró las cajas apiladas junto a la entrada y soltó una risita.
—Mira, muchacho, no quiero problemas contigo. Eres joven, tienes trabajo y puedes empezar de nuevo. Tu madre y yo necesitamos privacidad. Es lo más normal cuando dos personas se casan.
Lo miré de arriba abajo.
Llevaba uno de mis mandiles de cocina. Uno que yo había comprado para que mi madre no se manchara la ropa cuando preparaba la cena.
Aquello me pareció tan absurdo que casi me reí.
—¿Dónde están mis llaves? —pregunté.
Héctor metió la mano en el bolsillo y las hizo sonar.